La libertad sexual de la mujer… ¡una verdadera revolución!

Momento en que soy entrevistada por Claudia Palacios (a la derecha).

Te comparto la entrevista que le concedí a la prestigiosa periodista, presentadora y escritora colombiana, Claudia Palacios Giraldo, para su libro “Hembrujas” (Ed. Planeta), en el que plasma las conversaciones que sostuvo con 83 mujeres colombianas para conocer sus voces “en una lucha en la que faltan hombres”, como lo afirma la autora.

CPG: Nereyda, en su libro Revolcando mi Cama, usted da pautas para que las mujeres disfrutemos de nuestra sexualidad, ¿qué es lo que hay que ‘revolcar’?

NLR: Desde niñas nos muestran que podemos gritar, llorar, reír, pero no expresarnos sexualmente; mientras que con los niños es todo lo contrario: pueden decir cuántas novias tienen, aunque tengan 5 años, pero nada de llorar ni de expresar emociones. Entonces lo primero que hay que hacer es permitirles la expresión erótica a las niñas, para lo cual es importante no educarlas como las princesas que esperan al príncipe sino como las que van a salir el mundo a conquistarlo.

Lo segundo es conocer los derechos sexuales, todavía uno escucha historias de chicas que no quieren tener más hijos, pero la entidad de salud no les da un anticonceptivo o no les autorizan una ligadura de trompas. Es decir, por desconocimiento de los derechos no los hacemos cumplir, eso pasa tanto con el sistema sanitario como con el marido o la familia, y por eso terminamos siendo las que atienden a todos: esposo, padres, hijos y personas con condiciones especiales, pero no nos atendemos a nosotras mismos.

Y lo tercero, es trabajar la autonomía, tanto económica como afectiva y erótica, no esperar pasivamente a que nos provean eso sino generarlo nosotras y para nosotras mismas. En ese sentido, si una mujer le propone a su pareja determinada posición sexual, y este la rechaza porque le parece que eso “no lo hace una mujer decente”, esa mujer debería cuestionarse si esa relación asimétrica debe estar por encima de su felicidad. La emancipación femenina tiene consecuencias y riesgos.

CPG: En las mujeres la promiscuidad es castigada, mientras que en los hombres no, o no tanto. Desde la libertad sexual que ustedes defienden para las mujeres, ¿cómo se debe entender la promiscuidad?

NLR: La promiscuidad es un concepto moral y, por lo tanto, no hace parte del discurso de nosotros los sexólogos. Es el enfoque moral el que hace ver como negativo o positivo la cantidad de parejas sexuales que una persona tenga. Claro que es cierto que entre menos parejas sexuales tengamos, menos riesgo habrá de adquirir infecciones. Y aunque hay una probable relación entre la inestabilidad emocional y afectiva con un mayor número de compañeros sexuales, no califico esto con un remoquete negativo, como sí lo es la palabra promiscuidad. A esto no hay que ponerle tanta complejidad. La respuesta está en ver qué lo hace feliz a uno y en entender que, en la vida sexual, igual que en la laboral o en la afectiva, siempre habrá experiencias que uno hubiera preferido no vivir pero que son importantes en tanto que nos ayudan a construir lo que somos.

Es curioso que la sociedad no castiga tanto los errores afectivos, laborales y personales como los sexuales, y más aún los de las mujeres; lastimosamente, continuamos viendo el sexo con prejuicios y lo abordamos con una mirada pecaminosa y vergonzosa.

CPG: ¿El deseo sexual es más bajo o diferente en las mujeres que en los hombres?, ¿se pierde con la edad?

NLR: No hay diferencias en la intensidad del deseo sexual entre hombres y mujeres, aunque se conoce que la cultura patriarcal incentiva mucho más la expresividad sexual en ellos, mientras que censura la libertad y expresividad sexual de nosotras.

 Recuerdo que hace poco llegó a mi consultorio, una pareja, ambos de 68 años, que quería recuperar su vida sexual. No era que quisieran probar todas las posiciones del Kama Sutra, sino reactivar el placer y, según las palabras del señor, “buscamos renovar nuestra intimidad”. Esto sí se puede hacer, se puede reestructurar, modificar o flexibilizar la historia sexual sin perder la esencia de lo que es cada persona. En las mujeres la menopausia es una gran oportunidad para hacerlo, pues se liberan del temor a quedar embarazadas. De otra parte, hay que entender la sexualidad separada del coito, de un pene que penetra una vagina, pues el erotismo va más allá de la penetración, incluye besos, caricias, abrazos, masajes, autoestimulación.

CPG: ¿Qué responder a esa creencia de que si se educa en sexualidad se promueve una sexualidad temprana?

NLR: El problema está en que los adultos pretendemos educar sexualmente a los niños y a los adolescentes, pero los adultos no nos estamos educando en sexualidad, no leemos ni nos actualizamos sobre el tema, así que nos hemos quedado anclados en los miedos, y por eso creemos erróneamente, que hablarles a los niños de sexualidad es inducirlos a “probar el sexo” desde muy chiquitos. Entonces perdemos la oportunidad de acompañarlos adecuadamente cuando nos hacen alguna pregunta o los vemos en alguna conducta sexual, y los dejamos a merced de otras personas, que quizás están más desinformados que nosotros o que tengan malas intenciones.  

Es común que en los colegios no sepan qué hacer cuando, por ejemplo, ven a la niña frotándose sus genitales con su pupitre o besándose con un compañerito, porque si llaman a los papás, seguramente la van a castigar. Si los niños y adolescentes vieran que sus papás no se avergüenzan cuando les preguntan sobre sexualidad, ellos desarrollarían una comunicación asertiva con sus padres y con otros adultos, que va en pro de que tomen decisiones responsables y autónomas sobre su vida sexual. En contraste, si ese tipo de comunicación no existe, las decisiones serán riesgosas y quedarán más expuestos a ser abusados y a vivir una sexualidad cargada de misterio y tabúes.

CPG: Una vez los hijos inician la vida sexual también hay más permisividad con los hombres que con las mujeres, en el sentido en que a ellos los dejan quedarse en la casa de la novia o viajar con ella, mientras que a las mujeres no. ¿Qué has visto sobre la mejor manera en que una madre y un padre pueden manejar esta etapa en sus hijas para no generarles efectos negativos?

NLR: Si los padres les han dado a los hijos herramientas para construir una sexualidad sana y para evitar embarazos e infecciones, deben confiar en ellos y seguir propiciando el diálogo. Ahora, los hijos también deben entender a los padres. Por ejemplo, a los chicos gais que llegan a mi consulta, les digo que no pretendan que los papás cambien todo su esquema de valores y creencias para complacerlos a ellos, sino que lleguen a un punto de negociación en que ambas partes se sientan a gusto.

Cada familia debe evaluar los permisos y las libertades que les darán a los hijos e hijas en etapa de crecimiento, por supuesto, sin darle privilegios a los varones y negarles los derechos a las chicas. Esto es muy importante.

CPG: ¿Cómo involucrar a los hombres, que han tenido tantos vicios en su educación sexual, para que sean parte de esta revolución de la sexualidad femenina?

NLR: Hay que brindar educación sexual con enfoque de género. Hoy es común que, por ejemplo, cuando en los colegios llega la empresa que vende toallas higiénicas, la charla se la den exclusivamente a las niñas, como si los hombres no necesitaran conocer también la fisiología de la reproducción humana. Creo también que hay que educar a ambos sexos por igual en los conceptos de sexualidad, amor y erotismo, sin desconocer las diferencias biológicas de cada uno.

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